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A simple vista, el también conocido como humedal de la Amalita, puede parecer solo un cuerpo de agua estancada, un espacio ignorado del municipio de Rionegro. Sin embargo, en sus aguas y vegetación se oculta una riqueza natural invaluable compuesta por aves, reptiles, anfibios, insectos y plantas, que convergen en un frágil equilibrio que sostiene la biodiversidad de este lugar.
Más que un 'pantano', el humedal es un refugio: hogar de especies locales y migratorias. Resignificar nuestra relación con estos espacios es necesario, este es un lugar para redescubrir, para observar su vida y reconocer el tesoro que representa para la región.
Este humedal es hogar de patos residentes como el silbón, el careto y el pisingo, además es refugio para especies migratorias y "raras" que lo visitan ocasionalmente. Incluso algunos patos domésticos han hallado en este lugar un hogar salvaje, creando un ecosistema diverso y fundamental para la biodiversidad local.
Otro que comunmente puede ser llamado "pato", pero que pertenece a una familia distinta, con habilidades y comportamientos únicos como su habilidad para bucear en busca de alimento.
Su presencia en el humedal de la Amalita es frecuente, aunque no se suelen ver las grandes bandadas que aparecen en otras regiones del país. Cada avistamiento es una muestra de la salud del humedal, a pesar de tanta intervención antrópica y los retos climáticos que enfrenta este lugar.
La polla azul, la polla gris, la chilacoa y la gallineta, todas pertenecientes a la familia Rallidae, con sus patas largas y cuerpo compacto, se desplazan por la vegetación flotante y los pastos, buscando insectos y algas. Son un claro indicador de la calidad de los humedales, siendo las primeras en alejarse ante cualquier proceso de contaminación o intervención significativo
Pescadoras por excelencia y llamativas por su elegancia; especies como la garza real, la garza cuca, la garza morena, la garza patiamarilla, la garza bueyera, la garza nocturna, la garcita azulada, encuentran en las aguas poco profundas del humedal, un entorno ideal para alimentarse, mientras que otros humedales cercanos, con más áreas boscosas y guaduas, les sirven como zona de reproducción.
Se suelen ver grandes bandadas de aves de esta familia llegar al atardecer para pasar la noche, y al amanecer levantan vuelo, sobrevolando todo el municipio en busca de diferentes zonas de alimentación.
Originarios de tierras bajas del Caribe y la cuenca de los ríos Magdalena y Cauca, han comenzado a asentarse en zonas húmedas de mayor altitud, como Rionegro, donde antes su presencia era rara. Este fenómeno está vinculado a la pérdida de bosques y al cambio climático, la destrucción de hábitats naturales ha dado paso a áreas más abiertas, lo que, combinado con el aumento de las temperaturas, ha creado un ambiente favorable para especies como esta.
PAPIRO EGIPCIO - Cyperus papyrus. Los coquitos se sienten especialmente atraídos por los juncos y la vegetación densa que crece en una isla del humedal, un refugio que les ofrece el lugar ideal para descansar y anidar. Este hábitat, junto con su pequeño tamaño y naturaleza cautelosa, les brinda la protección necesaria frente a depredadores y perturbaciones.
Gracias a sus picos largos y curvados, adaptados para buscar alimento en terrenos fangosos, los coquitos, aves limícolas, acceden a recursos que otras especies no alcanzan. Su comportamiento social es también muy interesante; suelen agruparse en pequeñas bandadas y hacer acrobacias en vuelo. A menudo se les ve sobrevolando el humedal y llevando materiales para sus nidos, momento ideal para observar la iridiscencia de su plumaje.
Cuando el sol empieza a calentar, el cielo del humedal se llena de actividad con estas familias de aves, esenciales para el equilibrio del ecosistema. Los gallinazos no solo cumplen su papel como carroñeros al descomponer materia orgánica, sino que también ayudan a controlar la acumulación de basura, aportando un importante servicio ambiental.
Por otro lado, las rapaces cazadoras regulan poblaciones de insectos, reptiles y otras aves, como playeras migratorias y polluelos de patos, manteniendo la dinámica natural del humedal.
La magia de la observación de fauna radica en la sorpresa. Aunque el Humedal Guadalcanal tiene sus habitantes habituales, en ocasiones la naturaleza nos regala momentos excepcionales: especies errantes, migratorias desviadas de su ruta o aves elusivas que deciden, por un instante, dejarse ver entre la bruma y los juncos.
Estos avistamientos no son solo trofeos fotográficos; son bioindicadores que subrayan la conectividad ecológica de Rionegro con otros ecosistemas.
Entre los patos migratorios boreales, este es uno de los más carismáticos por su enorme pico en forma de espátula, una herramienta inconfundible para filtrar el agua. Aunque no es tan común como otras especies, se ha venido registrando ocasionalmente en el humedal desde el 2021, lo que sugiere que este ecosistema se está consolidando como una parada recurrente en su ruta migratoria.
Foto en compañía con @Carlos Arbelaez
Es la novedad más reciente del humedal, con su aparición apenas en 2025. Este avistamiento constituye una rareza biogeográfica significativa, pues su distribución habitual suele limitarse a zonas bajas, rara vez superando los 1000 m.s.n.m. Verlo a esta altitud rompe con los esquemas de su rango conocido y convierte al humedal en un punto de registro excepcional para la especie.
Un avistamiento algo raro para la región andina, con registros de sobrevuelo ocasional desde el 2023. Aunque no se ha observado posada o interactuando directamente con este espejo de agua, su presencia sugiere que utiliza el sistema de humedales asociados a la ribera del Río Negro como corredor migratorio. La altura a la que se le ve surcar el cielo evidencia que sí interactúa con la zona, siendo muy probable que utilice otros cuerpos de agua cercanos para reposar durante su travesía.
Aunque comparte el cielo con otras rapaces, el Aleto posee una elegancia y velocidad distintas. Especialista en cazar aves en vuelo, su silueta esbelta y su antifaz oscuro lo delatan. Verlo posado o en persecución activa en el humedal es un espectáculo de potencia y precisión que no ocurre todos los días.
Este rálido migratorio boreal se mueve entre la vegetación densa, donde pasa fácilmente desapercibido y rara vez se deja ver con claridad. Es una especie bastante registrada en la cordillera Oriental, pero más rara de ver en esta región.
Sus registros en el Humedal de la Amalita son esporádicos, pero constantes a lo largo de los años, lo que indica que este ecosistema cumple un papel importante como sitio de refugio durante su migración.
Se ve atraída por las semillas de plantas acuáticas y pequeños invertebrados en aguas poco profundas, donde encuentra alimento mientras se desplaza de forma sigilosa entre los juncos.
Aunque históricamente ha habitado las quebradas, ríos y humedales del altiplano, desde hace cerca de ocho años sus avistamientos se han vuelto cada vez más frecuentes en el municipio de Rionegro.
Este aumento en los registros podría estar relacionado con las profundas transformaciones que ha sufrido el paisaje. Más que una señal de abundancia, estos encuentros pueden reflejar la creciente presión que enfrenta la fauna para desplazarse y encontrar refugio en un territorio cada vez más intervenido. En este contexto, humedales como La Amalita adquieren un papel fundamental como espacios de conectividad y refugio para especies que dependen del agua para sobrevivir.
Fotografía de @Breyner Sánchez
Hace algunos años, una pareja de esta especie fue liberada en el municipio de Rionegro y, con el tiempo, logró establecerse y sacar adelante al menos una cría.
Aunque su presencia suele concentrarse cerca del sitio de liberación, ocasionalmente se observan individuos explorando sectores más alejados. En mayo del 2026, uno de ellos visitó el Humedal de la Amalita, convirtiéndose en un registro poco común para este ecosistema.
Vídeo de @Anderson Serna
Estas imágenes nos acercan a un rincón del mundo que ha sido testigo de mi evolución, tanto personal como profesional. El humedal de la Amalita, lugar donde nacieron mis primeros recuerdos de conexión con la naturaleza, sigue siendo hoy un punto de observación importante, un refugio de vida que ha resistido la presión de épocas de agricultura, ganadería, minería y urbanismo.
Las aves son las que nos invitan a redescubrir este espacio. Las fotos que vieron y verán, muestran tanto la biodiversidad como la quietud del lugar. Al final, son estos lugares los que nos enseñan que más allá de construcciones grises, cuadradas y frías, siempre hay un rincón lleno de vida, esperando ser visto, comprendido y cuidado.
Escritura: Sebastián Calle | Fotografía: Sebastián Calle y otros autores que se especifican en cada foto/vídeo.